Qué son los polinucleótidos (y por qué probablemente vas a escuchar mucho de ellos a partir de ahora)
Escrito por el equipo editorial de Oneskin-MED · Revisado médicamente por la Dra. Lidia Maroñas (Dermatóloga, nº colegiada 282866861) · Última actualización: 19 de junio de 2026
Si todavía no sabes qué son los polinucleótidos, no eres la única. Es uno de esos tratamientos que la dermatología estética lleva años utilizando en países como Corea del Sur o Italia, pero que en España apenas empieza a salir del círculo de las clínicas más especializadas. Eso, paradójicamente, es parte de lo que lo hace interesante: no es una moda recién inventada, sino una tecnología con recorrido que está llegando ahora al público general.
La pregunta que más nos hacen: ¿esto es como el ácido hialurónico?
No. Y entender por qué no lo es, es la clave para entender qué son los polinucleótidos. El ácido hialurónico funciona como un relleno: ocupa un espacio físico en la piel y por eso da volumen de forma inmediata. Los polinucleótidos no rellenan nada. Son fragmentos de ADN purificado (de origen no humano, generalmente de salmón) que, al infiltrarse en la piel, hacen algo mucho más sutil: le dan a tus propias células la señal de producir más colágeno, más elastina y más hidratación natural.
Dicho de otra forma: los polinucleótidos hacen que tu piel trabaje mejor con el tiempo. Si quieres profundizar en cómo actúan a nivel celular, lo explicamos en nuestro artículo científico sobre polinucleótidos.
Polinucleótidos en el contorno de ojos: la zona donde más se nota
Si hay una zona del rostro donde los polinucleótidos han encontrado su indicación más clara es el contorno de ojos. Es una piel finísima, sin apenas grasa subcutánea, donde los rellenos convencionales no siempre son la solución adecuada —especialmente cuando la ojera no es un hundimiento, sino simplemente una piel que se ha vuelto más translúcida y deja ver más la sombra y la vascularización de debajo—.
Ahí es donde los polinucleótidos demuestran su sentido: no rellenan el hueco, engrosan la piel que lo cubre. El resultado es una mirada que se ve menos cansada, no porque se haya tapado nada, sino porque la piel en sí ha mejorado.
Polinucleótidos o ácido hialurónico: la pregunta mal planteada
Es habitual encontrar contenido en redes que presenta esta elección como un enfrentamiento: ¿qué es mejor, polinucleótidos o ácido hialurónico? La pregunta, en realidad, está mal planteada. Son herramientas distintas para problemas distintos, y en la mayoría de los planes de tratamiento bien diseñados acaban conviviendo: primero se mejora la calidad de la piel con polinucleótidos, y solo si hace falta, se añade volumen puntual o soporte con ácido hialurónico.
La trampa más habitual en medicina estética es tratar todo como si fuera un problema de volumen. Los polinucleótidos son, en cierto modo, la respuesta a esa simplificación.
Si tu piel es fina pero prefieres evitar las microinyecciones, existe otra alternativa sin volumen: los exosomas, que trabajan de forma tópica activando tus propias células.
Lo que hay que saber antes de pedir cita

Como con cualquier bioestimulador, la paciencia es parte del tratamiento. No hay un cambio dramático al salir de la consulta. Lo que hay, sesión tras sesión, es una piel que progresivamente se nota más firme, más hidratada y, sobre todo, menos «de papel». Por eso el protocolo habitual contempla varias sesiones espaciadas en el tiempo, no una intervención puntual.
Y, como con cualquier tratamiento inyectable, la indicación correcta lo es todo: no toda piel fina necesita polinucleótidos, y no toda ojera se resuelve con ellos. La valoración médica previa sigue siendo, también aquí, el paso que de verdad marca la diferencia.
No. El ácido hialurónico aporta volumen de forma inmediata, mientras que los polinucleótidos no rellenan: estimulan a tus propias células para producir más colágeno, elastina e hidratación de forma progresiva.
Es un tratamiento con microinyecciones generalmente bien tolerado. Si la zona lo requiere, en consulta se puede aplicar anestesia tópica previa.
El protocolo habitual contempla varias sesiones espaciadas en el tiempo; el número exacto depende de la valoración médica de cada piel.